"A Têmpera" em portugués es un texto en prosa poética escrito por Geraldo Varjabedian, en el otoño de 2009. Él es sobrino de una grande amiga, Victoria, quien me envió el texto original. Me ha gustado tanto, que lo traduje - como pude - al español para poder enviarlo a Paula, otra gran amiga, esa española. Aquí os dejo la traducción y el original:
Te acuerdas del azul cobalto? Entre el índigo y el cobalto, ¿no? Hice ese color con una dosis de disolvente y una de agua. Pero en vez de seco, correcto, dejé escurrir. Un golpe de brocha sobre el anterior, se fundieron; quedó lindo. Me pareció demasiado fuerte al princípio, pero lo acepté, porque las otras paredes todavía eran blancas. Hice lo mismo con el ocre. Quedó amarillento, cúrcuma. Dos aguadas sobre látex** simétrico. Pero el color quedó como quemado. Un sári de seda. Quedó tan equilibrado, que lo repetí en la pared opuesta, en donde puse el mandala. Solo que accidenté una gota más de rojo en la receta. Para anaranjar la simetría, ¿sabes? Me gustan los mandalas, pero detesto simetrías… Después, de un tono sangre hice un escarlata bien diluido. Preferí darle dos, tres aguadas. La textura encarnada en capas, en la pared más grande, me emocionó. Un toque mate. Mancha desigual a la espera de un fresco. Ni témpera, ni acuarela… Lo que me encanta en esa habitación es lo inusitado que persiste en la pintura. No es hipócrita como el látex ni seria como la cal… No apunté lo que hice. No me gustan las recetas. Soy indisciplinado. Para ser verdadero, de verdad: ¡insubordinado! Adoro reírme de los tiranos… ¿El primero del que me río? ¡Yo! Me río de la simetría. Parece ser que vivo por ello. Ó, quizás, por eso me torné un hombre solo con mi asimetría. Edipiano o no, ódio los tiranos. Y tiranas. Tardo en descubrirlos, porque confiar es mi recurso más sutil de suicidio. Pero confío… Pocas cosas son más falsas que la simetría. Es casi siempre adecuación. Has los ojos son diferentes los unos de los otros, ¿no? Miradas también… y soy furioso. Natural. Demasiado taurino*** para contener un volcán por las apariencias. Fue lo que descubrí luego de reformar esta habitación. No puedo ser media persona. Tengo fe en las elecciones: destino es superstición… Eso aquí es mi comienzo. Antes de esa habitación Yo no era… apenas quería. Y por querer, estudié sus temperaturas para crearlo capricornianamente. Colores. Clima. Luces. El humo del incienso, el soplo por debajo de la puerta. Bambú salpicando el tul sobre la cama. Aparador de velas. Mandala. Versos. Mantras. Un cuarto tántrico ¡para un matrimonio deshecho! ¿Dónde encontrar fuerzas para seguir trabajando? No llegué ni siquiera a tocar los portales del cielo. Descubri que estaba solo en mi cuarto... Y el suelo se me fué... Tanta mentira en mí. Tanta mentira sobre el amor. Tanta mentira sobre la verdad... Por dos años, este cuarto fué el único de los lugares. Un no-lugar. Sótano alto, donde tejí excitaciones y arritmias a la espera de la luz que daria fin al paradigma simétrico. No hay inocentes: asimétricos son tontos. Y yo soy tonto confeso y asumido. Confío. Y confío. Y confío de nuevo. De cara. De roce. De entornamiento. Confío con el corazón en las manos... ¡Un brindis a la consciéncia de la ansiedade! Este cuarto es muestra de lo que respondi al mundo quando percibí que había sido engañado friamente. Orgullo, ¡claro! Tanta inversión en el trabajo. Tanta inteligéncia y esfuerzo. Tanto puesto en sueños. Tanta creéncia que no hubo soterramiento: nos derrumbamos. Yo y las cosas... Este cuarto fué un rito de pasaje. Fué aquí donde restablecí mi orgullo de hombre. Estaba destrozado. Desdientado. Desacreditado. Humillado. Gatillazo. Ansioso. Morboso, aunque medicado. Este cuarto es el retrato de un artista anestesiado para no crear, no desear. Transvase del dolor en estética... no creo que puede describirlo con más detalles. Su história es digna de cerrarla a clavos... Pero – buen suicida – elegí la vida. Tiré las pastillas. Limpié los ojos de cada una de las certezas. Bebi el luto e revivi. Por eso, la puerta se queda descerrojada cuando no estoy. No hay secretos allí dondo descubri que mi vida solo tiene valor para mi. En donde dejé de morrir para ser feliz, nasció un amante grato y efusivo de la vida. No, ¡no dije que soy mucha cosa! Solo que ya no soy morboso, ni enfermizo simétrico como el paradigma roto. Bastante mejor que el chaval que pintó este dúplex de blanco hace ocho años, solo sobre una escalera de dos patas. Chico de oro. Creativo. Esforzado. Productivo. Abnegado. Bovino. Amoroso. Un patético razonador en letra cursiva... no había noche en la que no pusiera flores en la cabecera. Casi siempre, una nota apoyada en la fuente: ¡Buenas noches! ¡Buenos días! ¡Mil besos! ¡Te quiero! Sal temprano, ¿vale? Vuelvo entes de las siete. Traeré el pan... Me gustaba aquél muchacho. Inocente. Hecho para servir, pero con el defecto de amar a tiranos. Dentro de él, Yo. Des de siempre. Llevé una vida para comprender que – aún asimétrico – Yo era posible. Entré en aquél cuarto para cambiarme de corteza. Cuando las luces se apagaron, conté lunas y lunas negociando conmigo a puertas cerradas. Haciendo cuentas. Más cuentas. Buscando razones. Intentando explicar. Rasguñando cartas. El tonto de oro y Yo. La falencia. Mi fe. Las cosas que me traía de la terapia. El zumbido de las pastillas. Las voces de hombres antiguos que moraban en mi corazón: ¡levántate, levántate, ve a trabajar! Yo y mis ímpetus arianos. Las calmarías. La luz de las venas chispeando ritmos en el corazón. Valores de ala rota. Éticas de otro continente. Miedos de toda clase. Pánicos del que le olvidó la fortuna. Cuantas certezas adiestradas, sentadas al pié de la cama: no se me olvida la mirada de pavor de las certezas. ¡Extraordinario! Condenación simétrica y lineal de las certezas… ¿Conoces a juez más impiedoso que tu mismo? ¿Quién más te puede condenar a amar a tiranos? ¿Quién, además de tu mismo, puede ejercer perdón, compasión, gratitud? Un año y medio ejercitando cada músculo. Cada tendón. Y dolía. ¡joder, como dolía! Noches y noches de exercício. Agotamiento. Control. Meditación. Respiración. Miedo de no llegar a nada. Coraje para sentir miedo… Por la mañana, antes del sol: caminar.Y el sol decía: el día es para aquél lado, ¡ve!... Más o menos por esa época fue cuando monté la mesa camilla, altar; en la esquina del azul con el ocre. Fue luego de volver la cama hacia el sol… de esa masa, parí a mí como hombre. Reaprendi mi esencia… Esencial no lo es la precisión de recibir, pero la angustia de donar. De eso murió el muchacho tonto… Desierto es acreditar que podemos cambiar a alguien ó que alguien de lo que no tiene… nada más. Recibir es simétrico: donar es del formato del corazón…
* en portugués tiene también el significado de templanza.
** látex en este texto debe de ser entendido como la pintura plástica de paredes.
*** referese al signo de Tauro.
_______________________________________________________________________________
A TÊMPERA
Lembra azul cobalto? Entre índigo e cobalto, não é? Fiz essa cor com uma dose de solvente e uma de água. Mas ao invés de seco, certinho, deixei escorrer. Uma trinchada sobre outra, fundiu; ficou lindo. Achei meio forte no começo, mas aceitei, porque as outras paredes ainda eram brancas. Fiz o mesmo com o ocre. Ficou amarelado, cúrcuma. Duas aguadas sobre o látex simétrico. Mas a cor ficou bem queimada. Um sári de seda. Ficou tão equilibrado que repeti na parede oposta, onde pus a mandala. Só que acidentei um pingo a mais de vermelho na receita. Para alaranjar a simetria, sabe? Gosto de mandalas, mas detesto simetrias... Depois, de um tom de sangue fiz um escarlate bem diluído. Preferi dar duas, três aguadas. A textura encarnada em camadas, na parede maior, emocionou. Um toque fosco. Mancha desigual à espera de afresco. Nem têmpera. Nem aquarela... O que adoro nesse quarto é o inusitado que persiste na pintura. Não é hipócrita como látex nem séria como cal... Não anotei o que fiz. Não gosto de receitas. Sou indisciplinado. Sendo verdadeiro, mesmo? Insubordinado! Adoro rir de tiranos... O primeiro dos tiranos de quem rio? Eu! Rio da simetria. Parece que vivo por isso. Ou, talvez, por isso, tornei-me um homem sozinho com minha assimetria. Edipiano ou não, odeio tiranos. E tiranas. Demoro a descobri-los, porque confiar é meu recurso mais sutil de suicídio. Mas confio... Poucas coisas são mais falsas que a simetria. É quase sempre adequação. Até os olhos são diferentes um do outro, não? Olhares também... E sou furioso. Natural. Taurino demais pra conter um vulcão pelas aparências. Foi o que descobri um pouco depois de reformar este quarto. Não consigo ser meia pessoa. Tenho fé em escolhas: destino é crendice... Isso aqui é meu começo. Antes deste quarto Eu não era... Apenas queria. E foi por querer que estudei suas temperaturas para criá-lo, capricornianamente. Cores. Clima. Luzes. A fumaça do incenso, o sopro do vão da porta. Bambu pingando o tule sobre a cama. Aparador de velas. Mandala. Versos. Mantras. Um quarto tântrico para um casamento desfeito! Onde encontrar forças para continuar trabalhando? Nem cheguei a tocar os portais do céu. Descobri que estava sozinho em meu quarto... E o chão sumiu... Tanta mentira em mim. Tanta mentira sobre amor. Tanta mentira sobre a verdade... Por dois anos, este quarto foi o único dos lugares. Um não-lugar. Porão alto, onde teci excitações e arritmias à espera da luz que dava fim ao paradigma simétrico. Não há inocentes: assimétricos são os tolos. E eu sou tolo confesso e assumido. Confio. E confio. E confio de novo. De frente. De esbarrão.De borco. Confio com o coração nas mãos... Um brinde à consciência da ansiedade! Este quarto é amostra do que respondi ao mundo quando percebi que havia sido enganado friamente. Orgulho, claro! Tanto investido no trabalho. Tanta inteligência e esforço. Tanto posto em sonhos. Tanto acreditado que não houve soterramento: desabamos. Eu e as coisas... Este quarto foi um rito de passagem. Foi aqui que restabeleci meu orgulho de homem. Estava destruído. Desdentado. Desacreditado. Humilhado. Broxa. Ansioso. Mórbido, ainda que medicado. Este quarto é o retrato de um artista anestesiado para não criar, não desejar. Vazão de dor em estética... Não creio que possa descrevê-lo em mais detalhes. Sua história é digna de fechá-lo a pregos... Mas – bom suicida – escolhi a vida. Joguei fora os comprimidos. Limpei os olhos de cada uma das certezas. Bebi o luto e revivi. Por isso, a porta fica destrancada quando não estou. Não há segredos ali onde descobri que minha vida só tem valor para mim. Onde deixei de morrer para ser feliz, nasceu um amante grato e caloroso da vida. Não, não disse que sou muita coisa! Apenas não sou mais mórbido, nem doentiamente simétrico como o paradigma quebrado. Bem melhor que o garoto que pintou este sobrado de branco há oito anos, sozinho sobre uma escada de duas pernas. Garoto de ouro. Criativo. Esforçado. Produtivo. Abnegado. Bovino. Amoroso. Um pateta raciocinando em letra cursiva... Não havia noite que não pusesse flores na cabeceira. Quase sempre, bilhete apoiado no vaso... Boa noite! Bom dia! Mil beijos! Amo-te! Sai cedo, tá? Volto antes das sete. Trago pão... Gostava daquele menino. Tolo. Feito para servir, mas com o defeito de amar tiranos. Dentro dele, Eu. Desde sempre. Levei uma vida para compreender que – assimétrico mesmo – Eu era possível. Entrei naquele quarto para trocar de casca. Quando as luzes se apagaram, contei luas e luas negociando a portas fechadas comigo. Fazendo contas. Mais contas. Buscando razões. Tentando explicar. Rascunhando cartas. O tolo de ouro e Eu. A falência. Minha fé. As coisas que trazia da terapia. A zoeira dos remédios. As vozes de homens antigos que moravam em meu coração - Levante! Levante! Vá trabalhar! – Eu e meus ímpetos arianos. As calmas. A luz das veias faiscando ritmos no coração. Valores de asa quebrada. Éticas de outro continente. Medos de todo tipo. Pânicos de quem esqueceu a sorte. Quantas certezas adestradas, sentadas ao pé da cama: não esqueço o olhar de pavor das certezas. Foi extraordinário... Condenação simétrica e linear das certezas... Você conhece juiz mais impiedoso que você mesmo? Quem mais pode condená-lo a amar tiranos? Quem, além de você mesmo, pode exercer perdão, compaixão, gratidão? Um ano e meio exercitando cada músculo. Cada tendão. E doía. Caralho... Como doía! Noites e noites de exercício. Exaustão. Controle. Meditação. Respiração. Medo de dar em nada. Coragem de ter medo... De manhã, antes do sol: caminhada! E o sol dizia: o dia é para aquele lado, vá!... Foi mais ou menos nessa época que montei sobre um velho criado-mudo, o altar; na quina do azul com o ocre. Foi logo que virei a cama para o sol... Dessa massa, pari a mim como homem. Reaprendi minha essência... Essencial não é a precisão de receber, mas a angústia de doar. Foi do que morreu o garoto tolo... Deserto é acreditar que podemos mudar alguém ou que alguém dê o que não tem... Nada além. Receber é simétrico: doar é do formato do coração...
El blog del autor: http://www.varjabedian.blogspot.com/
_______________________________________________________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario